La Rosa






Era un jardín sonriente;
era una tranquila fuente
de cristal;
era, a su borde asomada,
una Rosa inmaculada
de un rosal.

Era un viejo jardinero
que cuidaba con esmero
del vergel.

Y era la Rosa un tesoro
de más quilates que el oro
para él.

A la orilla de la fuente
un caballero pasó,
y la Rosa dulcemente
de su tallo separó.

 

Y al notar el jardinero
que faltaba del rosal,
cantaba así, plañidero,
receloso de su mal:

Rosa, la más delicada
que por mi amor cultivada
nunca fue;
Rosa la más encendida,
la más fragante y pulida
que cuidé.

Blanca estrella que del cielo,
curiosa de ver el suelo,
resbaló;
a la que una mariposa,
de mancharla temerosa,
no llegó.

¿Quién te quiere? ¿Quién te llama
por tu bien o por tu mal?
¿Quién te llevó de la rama,
que no estás en el rosal?…